El argentino promedio se enamora de las personas, no de los proyectos. Privilegia el sentimiento por un individuo en lugar de una idea general, comprendida por muchos participantes.
Este fenómeno de origen latinoamericano, y "argento" en especial, se refleja tanto en el fútbol como en la política. Dos de los temas de máximo debate en cada esquina celeste y blanca.
Pero, decididamente, caracteriza a buena parte de América Latina por una cuestión cultural. De forma de ser histórica. Porque somos latinos, apasionados y de sangre caliente. Y estamos más cerca de la pasión que de la reflexión, eso se lo dejamos a los fríos europeos.
Decía que este extraño proceder aparece en el deporte, claro está. El balance de la presentación de la Selección Argentina en la Copa América frente a Paraguay se reduce a una preponderancia de jugadores estrella (Lionel Messi, Sergio Agüero, Ángel Di María, Javier Pastore, Carlos Tévez, etc.) por sobre la construcción de una sólida estructura.
De esta forma, tanto Alejandro Sabella, en su momento, como Gerardo Martino ahora, comienzan el armado del equipo a partir de la calidad de jugadores en ataque. De arriba hacia abajo. El Tata, encandilado por las luces de sus figuras, prescinde de un pequeño detalle: El funcionamiento.
Así, con los monstruos encendidos, dicha falla estructural, pasa inadvertida. Pero cuando el oponente se rebela y gana terreno, la carencia sale de abajo de la alfombra y llena de preguntas al propio entrenador y a nuestros cracks mundiales.
No quisiera ponerme minucioso con la táctica y la estrategia, pero ¿es utópico poner a cada jugador en su puesto natural y armar un equipo predecible, equilibrado, ordenado, planificado tanto para atacar como para defender?...
Como indicaba al principio, la política no difiere de este fenómeno de enamoramiento de personas (o estrellas) por sobre proyectos. Empezando por la extinción de los partidos políticos en favor de los personalismos. Peronismo, Kirchnerismo, Cristinismo, Sciolismo, Massismo, Macrismo, Randazzismo, Alfonsinismo, De la Sotismo, Cobismo, Sanzismo, Margaritos, Lilitos... ¿Sigo?
Nos encolumnamos detrás del "líder" y vamos con él "hasta la muerte". No importa nada ni nadie más, ni siquiera el contexto o el grupo de trabajo, sólo el mandamás, el "capo". Y lo defendemos, y gritamos, y nos peleamos por él, y nos lo tatuamos en un brazo. Lo llevamos en la sangre caliente.
Toda estrategia comienza y finaliza a partir del individuo. Cuesta confiar en procesos, en proyectos.
Somos así. Latinos, argentos. Algún día seremos más reflexivos y seremos campeones del mundo. Y si seguimos con esa templanza, hasta quizás seamos un país desarrollado.
Seamos Buenos
Gastón Ibarra - @GastonIbarra
Seamos Buenos
Gastón Ibarra - @GastonIbarra

"No quisiera ponerme minucioso con la táctica y la estrategia, pero ¿es utópico poner a cada jugador en su puesto natural y armar un equipo predecible, equilibrado, ordenado, planificado tanto para atacar como para defender?"...GANAMOS NARIGON!
ResponderEliminarInteresante artículo. Comparto algunas apreciaciones al respecto:
ResponderEliminar¿Los reflexivos son los europeos? ¿Los que llevaron al poder y se fanatizaron con Hitler y Mussolini? ¿Los mismos que armaron dos guerras mundiales y perpetraron el Holocausto? ¿Los que siguen teniendo crisis económicas y escándalos de corrupción? ¿Los que mantienen colonias y sistemas monárquicos? ¿Los que tienen cientos, y hasta miles de años de historia y experiencia organizados en sociedad? ¿Los que dividieron con un MURO la capital de la primera potencia mundial europea, hasta no hace mucho tiempo? Invito a imaginar por un segundo a la Capital Federal dividida en dos con un muro durante 20 años, por meras cuestiones políticas y económicas. ¿Y la cordura?
Por otro lado, los fanatismos quizás no sean tales, y se trate, en algunos casos, del apoyo a un proyecto que encarna tal o cual, y solo eso. Lula agarró el poder después de perder infinitas elecciones, el "fanatismo" vino de la mano de su obra consumada. Néstor asumió con un 20% de legitimación, los "fanáticos" aparecieron para fines de la década, con un país andando y un cambio político, social, de derechos, cultural y económico en marcha. Chávez sacó de la pobreza y el sometimiento a millones de venezolanos antes de ser invencible en las urnas. Muchas veces, en todos los ámbitos, el problema no esté en la realidad, sino en la interpretación de la misma.
Dejemos rodar el proyecto de Martino a ver qué pasa, pero seamos buenos.
Roquelme.